Web carta paciente

A lo largo de los años he recibido muchos mensajes de agradecimiento. Todos ocupan un lugar especial en mi corazón, pero algunos trascienden el reconocimiento profesional y se convierten en un recordatorio de por qué elegimos esta profesión.

Con autorización de mi paciente, comparto esta carta tal como fue escrita, realizando únicamente pequeños ajustes editoriales para facilitar su lectura.

Hay doctores buenos, excelentes y hay otros que son extraordinarios.

Gracias es la palabra más cercana para expresar el regalo que has sido para mí.

¿Cómo te encontré? Después de tratarme en Colombia, tenía mucho miedo de tener mi parto en Lima, me sentía abrumada por la cantidad de médicos por revisar y los recomendados de algunos conocidos veía que tenían lo que esperaba, intenté visitar uno pero estaba muy lejos de mis expectativas.

Gracias a Gemini, te encontré. ¡Así es! Pedí una lista de 10 médicos con las características que tenía en mente, pro-parto vaginal, experiencia internacional, conocimiento en riesgos, materno fetal… etc.

En abril te visité en consulta y me transmitiste la confianza que tanto necesitaba. Tu primera pregunta fue: ¿Quieres parto natural o cesárea? Ningún médico me lo había preguntado antes. Fuiste transparente: me hablaste del dolor, de lo largo que podría ser el proceso, de la necesidad de prepararse y de la clave: acompañarme de manera integral con diferentes profesionales. Sentí que eras otro tipo de médica, estás convencida de la importancia del parto vaginal y en cada detalle, se ve el nivel de conocimiento que tienes.

En mi último control en Colombia, le pregunté a mi médico sobre mis posibilidades de un parto vaginal. Me comentó que físicamente estaba bien —mis caderas y cuello eran aptos—, solo faltaba que la niña se girara. Sin embargo, me dio muchos argumentos a favor de la cesárea: mencionó la seguridad de la cirugía, la ubicación que tendría el corte, me hizo sentir que, al ser mi única oportunidad de tener un hijo y tratándose de un embarazo “añoso” e in vitro, debía valorar el peso social que le daban a esa opción frente al parto natural.

Sinceramente, en ese momento llegué a dudar de mi deseo por un parto vaginal. Incluso lo hablé con mi psicólogo, quien coincidió con la idea de que un parto no debía implicar 18 horas de sufrimiento; por supuesto, a partir de ese momento, dejé de asistir a sus consultas.

Al regresar a Lima, volví nuevamente a consulta contigo. Al día siguiente me hiciste una ecografía y no olvidaré tu mirada de felicidad cuando viste que Lucía se había girado; un médico que se alegra sinceramente con sus pacientes se convierte, sin duda, en cómplice de sus anhelos.

Salí de esa consulta feliz. En mi entorno no encontraba aliados para esta idea, ni siquiera mi psicólogo. Las historias que conocía de cerca no tenían un buen final y, además, había leído que a mi edad las mujeres no dilatan; por ello, decidí no contarle a nadie mi sueño ni seguir alimentándome de las limitaciones que se le atribuyen a las mujeres de 40. El subconsciente, tanto el propio como el colectivo, tiene más poder del que imaginamos.

A mis manos llegó el libro El bebé es un mamífero, y con él comprendí la importancia de conocer el espacio donde tendría el parto, así como la realidad sobre la pérdida de experiencia de los médicos en partos vaginales frente al creciente dominio de las cesáreas. Así que visité el piso dos de la Clínica, allí me preguntaron quién sería mi médico tratante y les dije la Doctora Híjar, vi la sonrisa de sus cara y me respondió: ¡ah que bien ella de de puro parto vaginal. ¡Sentí aún más alivio!

Luego cuando vino lo del azúcar, fuiste tan clara de lo que estaba en juego, que impulsaste mi compromiso a seguir detalladamente tu recomendación. Tampoco conté mucho sobre eso, porque a los ojos de muchas personas, no estaba comiendo bien.

Cuando un doctor guía al paciente no desde el miedo sino de cuidar su propósito hace toda la diferencia, en consulta me animabas, siempre reconociste que lo estaba haciendo bien.

Te hablé de mis miedos sobre el parto vaginal y recuerdo me decías que lo importante era que ambas estuviéramos bien. Incluso, hiciste tuyo mi estrés familiar de tener a mi bebe el día de mi sobrina. Siempre me llamaste por mi nombre. Todo lo noté. Incluso el acompañamiento que diste al aprendizaje de la Doctora Alex durante mi parto.

Hoy en día, en este contexto, pensar en un parto vaginal parece una ilusión, una lotería o incluso algo que no deberías desear. El miedo al dolor y a poner en riesgo al bebé son historias que, en mi caso, me llegaron a hacer sentir culpable por querer intentarlo. Pero contigo, sentía que era una posibilidad real, donde cuidarías no un capricho, sino la vida.

Aunque la OMS indique que las cesáreas tendrían que ser del 10% al 15% del total de partos. Siento que no es fácil encontrar que te apoyen en eso.

Hoy, tras 11 días de parto, veo mi autonomía, veo que Lucía ganó, que como mujer me siento con más fuerza, eso sin hablar de todos los beneficios que tú misma me indicaste. Mi mamá cambió su perspectiva, sufrió de verme sufrir, pero hoy ve los beneficios.

Te agradezco una y otra vez, me conociste en lo más íntimo, la Angie tranquila zen y la que se enloquece de dolor, pero que gracias a tu acompañamiento pude pasar por esta maravillosa experiencia.

Con admiración,

Por todo eso y lo que le das a cientos de pacientes que te ves, una vez más Gracias por ser tan extraordinaria.

Tu paciente, y quien espera ser aliada de tu propósito.

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